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Historia
(del arte y de la técnica)

 

En el comienzo del sino de Occidente, en Grecia, las artes ascendieron a la suprema altura del hacer salir de lo oculto a ellas otorgada. Trajeron la presencia de los dioses, trajeron a la luz la interlocución del sino de los dioses y de los hombres. Y al arte se le llamaba sólo techne. Era un único múltiple salir de lo oculto. Era piadoso, poiesis, es decir, dócil al prevalecer y a la preservación de la verdad.

Las artes no procedían de lo artístico. Las obras de arte no eran disfrutadas estéticamente. El arte no era un sector de la creación cultural. ¿Qué era el arte? ¿Tal vez sólo para breves pero altos tiempos? ¿Por qué llevaba el sencillo nombre de tecne? Porque era un hacer salir lo oculto que trae de y que trae ahí delante y por ello pertenecía a la poiesis. Este nombre lo recibió al fin como nombre propio aquel hacer salir lo oculto que prevalece en todo arte de lo bello, la poesía, lo poético.

El mismo poeta de quien escuchamos las palabras:

«Pero donde hay peligro, crece también lo que salva.»

nos dice:

«...poéticamente mora el hombre en esta tierra».

(Fragmento de Pregunta por la técnica de M. Heidegger)

)

 

Esa distancia que separa y al mismo tiempo acerca, en su origen y en su destino, al arte y a la técnica, que algún día fueron lo mismo, provoca la fascinación del que quiere mejorar su mundo intentando entenderlo a través del mundo de lo sensible. Sabiendo de lo improbable de esta causa.

Una corona de flores estrusca, un hueso tallado por los primeros sapiens, un aro de metal decorando un muro negro de hormigón de una central hidroelectrica, un cuadro de herramientas como un bodegón, las puertas que abren y cierran ese espacio íntimo en el que el agua o el fuego cuentan nuestras vidas. Las montañas bajo las que habitaron nuestros antepasados desde las alturas de un avión, la alineación de cuerpos celestes en una noche de luna vista desde el pasillo de una casa cualquiera. Todas las esculturas que guardan los templos de Roma, Sodoma o Babilonia. La serenidad de Siddharta meditando, el pensamiento de una cabeza de cíclope decapitado. El camino de Oriente. El camino de occidente. Buda o Polifemo. Todas las razones perdidas, el sentido de esta búsqueda en la que toda la belleza encontrada en lo inútil y la melancolía de los musesos es como una ciencia emocional que hemos olvidado, la poética industrial de los recuerdos. Paradojas. El arte contemporáneo se encuentra oculto en los museos arqueológicos y la arqueología aflora en los centros de arte contemporáneos.

 

Una historia particular del arte y de la técnica en fotografías conectadas a modo de preguntas.